20.09.2019 Del otro lado del papel

Partido Independiente

Después de 38 años como periodista, ejerciendo en varias radios – incluso fue locutor del SODRE -, canales de televisión, semanarios, revistas y diarios, Gerardo Sotelo se puso el traje de político. Con la campaña electoral en su apogeo, el comunicador, volcado a la militancia al Partido Independiente se encuentra recorriendo el país y en ese contexto, el miércoles estuvo en Minas.

«Me di cuenta que no iba a ser galán de teleteatro como soñaba de niño. Me di cuenta que no iba a ser estrella de rock», recordó entre risas Sotelo. El periodista, que en la época tuvo una banda de rock con Roy Berocay en la que tocaba el bajo, comenzó a estudiar en 1980, en la segunda generación de la carrera en UTU.

«En dictadura y todavía con una transición muy incierta porque en el 80 recién fue el plebiscito constitucional y al final del 80 el periodismo era, por lo menos para nuestra generación, como una forma lateral de acercarse a los políticos, un escenario de medios totalmente distinto al actual, medios televisivos muy volcados con espacios periodísticos prácticamente que nulos, limitados a los informativos que a su vez eran mucho más cortos y por supuesto no podían expresar libremente en materia informativa. La radio también estaba muy controlada, los diarios que había eran de entonación o de afinidad con el régimen, pero de todas maneras se dio, que la misma percepción tuvimos personas que no nos conocíamos porque en el año 79, por ejemplo a ese curso de acercó Raúl Castro, Alexis Jano, tanta otra gente que terminamos encontrándonos allí en un curso que había sido creado por gente de la dictadura, docentes, gente que a mí me trató con mucho respeto y en ese sentido tengo buenos recuerdos pero que era del riñón del régimen porque ellos sabían que era un tema crucial, no obstante por ahí pasamos algunos que estábamos en la vereda de en frente. Así que esa fue un poco y había una también alguna ilusión de hacer radio que era una de esas cosas que era muy para mí como oyente, como niño y adolescente era algo muy central», relató.

El cambio de vereda

Luego de entrevistar por más de tres décadas a los políticos, Sotelo atravesó la barrera que existe entre ambos lados. «Lo que hago es un bypass, dejé en el centro de mi trabajo profesional pero mantengo el trabajo, algún trabajo periodístico sobre todo en radio Carve, sigo con las columnas en el diario, ahora estoy en campaña electoral es como un tiempo demencial en el que te concentrás en esta tarea pasado lo cual allí donde esté me voy a hacer tiempo para hacer otras cosas periodísticas que no pasan por lo político necesariamente. Lo que ocurre es que por distintas circunstancias, pero sobre todo en Uruguay, el periodismo se asocia con periodismo político, pero es una mirada muy estrecha, el periodismo es una expresión profesional infinitamente más amplia porque estoy convencido que el centro de la vida humana no pasa por la política, las cosas verdaderamente importantes de la vida no pasan por lo político. Lo que pasa es que por lo político pasan cosas muy importantes», reflexionó el comunicador.

«¿Por qué no?», respondió cuando se lo consultó por las razones que lo llevaron a tomar la decisión. «Fue una mezcla de estímulos de gente amiga, hubo una propuesta concreta del senador (Pablo) Mieres y una dimensión personal. Cuando empecé a pensar en esto tenía 60 años y dije a ver cuánto queda, cuánto recorrí y quizás esté en el último cambio, como la serpiente, de piel o en el penúltimo. Me parecía que era un lugar muy honroso. Tengo un alto concepto de la política, incluso del sistema político uruguayo a pesar de que entiendo que la gente se siente insatisfecha y me pareció que era un lugar donde valía pena estar porque me permitía hacer otras cosas en lo periodístico que quizás por hacer lo que hacía ya se estaba postergando», sostuvo.

Con Mieres se conocieron durante la adolescencia en la actividad parroquial en el colegio Los Vascos.

Sotelo no solo se dedicó al periodismo, tuvo su paso por el teatro e incluso fue presidente del club de fútbol Central Español hace siete años. «Me gustan los problemas, no tengo otra explicación», admitió entre risas.

La política

Con el regreso a la democracia Sotelo votó al Frente Amplio hasta 1994, luego al Nuevo Espacio y finalmente al Partido Independiente. «De la política me atraen dos cosas, una es la posibilidad de trabajar en la búsqueda de soluciones para los problemas de la gente que son los problemas de mi familia, mis hijos, míos. Los políticos salen de la misma sociedad cuyos problemas quieren resolver, a veces la gente se los imaginan como que salieran de una casta, y no es así, o como que pertenecieran a una casta. Hay una expresión que deploro que es la de ‘la clase política’. En ningún sentido, por lo menos en el Uruguay los políticos son una clase, pertenecen a las mismas clases que el resto de la población. La posibilidad de incidir sobre la realidad. La necesidad de sentirme útil y la posibilidad de tener un espacio desde el donde defender mis ideas con otra gente que tiene ideas similares a las mías, es un poco la clave de la pertenencia partidaria», señaló.

Sotelo decidió adherirse como político al PI «porque ante la disyuntiva o la alternativa de hacer política no hubiera tomado otro camino más allá de que tuve algún tipo de ofertas porque entendía que no correspondía o dicho al revés, si no hubiera existido la propuesta del PI probablemente me hubiera mantenido al margen de la contienda electoral porque no lo hubiera hecho, no hubiera tomado esa decisión en otro partido, esa es un poco la sensación que me queda».

Los insiders

La campaña electoral se presenta como una donde los llamados outsiders, personas que no integraban el sistema político partidario, se encuentran en primera línea o en un lugar privilegiado del ojo público.

«En el Uruguay todas las cosas terminan siendo morigeradas por esta sociedad que no acepta las expresiones en los extremos. En el Uruguay si hubieran leones comerían cada tanto ensalada. Los outsiders uruguayos son insiders. (Guido) Manini deja el uniforme y entra en un partido político y es un político más, y (Juan) Sartori en vez de hacer el partido sartorista entró en un partido que tiene 200 años, igual (Ernesto) Talvi. Esos son los ‘outsiders’, y yo entro en uno que tiene 17 pero que es una huella que arranca en el siglo XIX en algunas de las vertientes de la izquierda o del pensamiento de los partidos no tradicionales. Es así por suerte, es un sistema político que aún este tipo de fenómenos son absorbidos. Si lo comparamos en los extremos a Manini con Bolsonaro, Manini es una expresión casi moderada, si comparamos a (Oscar) Andrade con Maduro, Andrade es un comunista casi libertario. El Uruguay es así, la sociedad uruguaya es así. Cuando no fue así pagamos un costo extremadamente alto porque en los extremos había gente haciendo cosas que terminó destruyendo el sistema de convivencia y el sistema institucional», señaló.

El periodismo

Con 38 años en el rubro, Sotelo ha pasado por todos los formatos del periodismo en el país. «Como todo universo tan amplio hay de todo, siempre lo hubo y lo sigue habiendo, es una muy buena oportunidad para reconfigurar que de hecho está ocurriendo porque como el mundo explotó, estalló en pedazos con la revolución científico tecnológica y si algo explotó fueron los medios de comunicación. Estamos reconfigurándolos con los medios digitales que hemos perdido salarios, puestos de trabajo, sigue habiendo espacios para la investigación periodística pero se hace de una manera distinta. Todos los periodista ya son multimedia o tienen que serlo, no se concibe de otra manera», reflexionó.

Como la de casi todos los periodistas, la mesa de luz de Sotelo forma una escalera muy alta de libros en vía de lectura. En la del comunicador devenido en político está «Factfulness» de Hans Rosling, «Los enemigos del comercio» de Antonio Escohotado y una vieja edición de «El juguete rabioso» de Roberto Arlt.

«Me acuerdo cuando leí ‘A sangre fría’ (de Truman Capote) de tener la sensación de que te metés en la montaña rusa, es un libro, además la técnica narrativa porque es una de las claves del Nuevo Periodismo porque hasta ese momento la narrativa de suspenso consistía en que te enterabas al final de la novela si mataban o no a la familia y eso era parte del suspenso, la matarán, no la matarán y el final cuando empezás a leer ya sabés cómo termina. Ya sabés que los masacraron, conocés todos los detalles y lo lees y está escrito de tal manera que decís ‘no pueden matarlos, no pueden’, porque una familia tan perfecta y además porque con ese libro me pasó una cosa muy impactante: hay una carta que le escribe la hermana a uno de los asesinos cuando está en la cárcel que está fechada el día que nací, ’28 de abril de 1958 querido fulano’. ¿Cómo el 28 de abril, el mundo existía el 27 y yo no estaba?», reflexionó.

«Hay toda una generación que es el Nuevo Nuevo Periodismo que como siempre ocurre es una generación parricida, porque el Nuevo Periodismo tenía una cosa de distancia con lo político, iba a los detalles de la vida cotidiana, la Rolling Stone con entrevistas, pero estos de nuevo van a lo políticos, entonces han hecho grandes trabajos sobre las crisis bancarias, problemas sociales, de alguna manera le reprochan a la generación anterior que han tenido una mirada si se quiere en algunos casos más distante, frívola que en estados unidos son enormes a pesar de todo. Pero yo estoy más cerca de Gay Talese, Tom Wolfe y de Hunter S. Thompson, que me pasó que estando de viaje en Estados Unidos murió Thompson, también me impactó», agregó.

El senado

El periodista pugna en la carrera electoral por una banca en la Cámara de Senadores. «El Parlamento tiene una gran biblioteca», comentó riéndose.

«Me imagino trabajando en los temas, buscando negociar leyes y recibir gente, escuchar recibir o salir al encuentro de la gente. Hay que recuperar una mirada integral de los derechos humanos que es algo que se ha perdido por distintas razones que no vienen al caso, ha quedado o bien como algo vinculado a los crímenes de la dictadura o bien en sub género o en sub rubro como la violencia de género, los problemas de la infancia, y me parece que hay que restituirlo a una mirada más global. Quizás como crítica a la postmodernidad sea retomar los grandes relatos o reunificar los grandes relatos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos como una unidad donde el ser humano es abordado desde los derechos todos, volver a ese sentido integrador», concluyó.

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