20.05.2019 Perfil de Julio María Sanguinetti

El retorno del rey

«Esta República que nació para la democracia ha vivido once años de gobierno de facto y ello no ocurrirá más no sólo porque el Presidente respetará la Constitución, sino porque todos los uruguayos las vamos a defender y haremos de ello un haz de voluntad y energía, que hará de ello una gran causa nacional, la gran causa que nos convoca desde el día en que nació este país. Para el Uruguay la democracia no es simplemente una institucionalidad, no es simplemente un conjunto armonioso de instituciones jurídicas, no es simplemente una arquitectura política. Ortega decía: Hay verdades del destino y hay verdades teóricas. Las verdades teóricas nacen de la discusión, nacen de la razón, se nutren de ella, viven de la discusión, se vigorizan con la discusión. Hay otras verdades que son verdades de destino, esas no se discuten; se asumen porque esa es la identidad propia, eso se es o no se es y eso está antes de lo que se discute. Y para nosotros los Uruguayos la democracia es una verdad de destino, es un destino irrenunciable, es algo que se asume o no se asume y que si no se asume es el riesgo de la falsificación, y si se asume es el único modo de poder decir que se es ciudadano de esta República, de esta República que antes de ser un estado que antes de tener una frontera, que antes de tener un pabellón nacional, ya era una democracia. Porque aquel pueblo artiguista en los campamentos, aquel pueblo artiguista siguiendo al éxodo de resonancias épicas, aquel pueblo artiguista que era una expresión de democracia que decía aquellas cosas con las cuales nos hemos criado y educado, aquel pueblo ya fue una democracia en marcha, ya fue una democracia espontánea y ya fue una democracia asentada antes de que existiera mismo nuestro estado. Para nosotros la democracia entonces, no es un sistema político, es nuestro país mismo, es nuestra razón de ser, es nuestra filosofía de vida, es nuestra razón de existir, es el sentido de nuestra lucha y a ella volcaremos todo nuestro esfuerzo». Las palabras anteriores son parte del discurso que Julio María Sanguinetti Coirolo pronunció el 1 de marzo de 1985. El flamante presidente recibió la banda de manos de Rafael Addiego, que fue presidente los diecisiete días anteriores a la asunción del líder del Partido Colorado, ya que Sanguinetti se negó a que se la entregara el dictador Gregorio Álvarez.

Con boina negra, traje y corbata colorada llegó el expresidente a un acto realizado por dirigente locales del PC que convocó un buen número de militantes.»Una enorme responsabilidad, en aquel era un momento tremendo, estábamos todavía con medio Ejército que no había querido la salida agazapado, estaba la dirección tupamara todavía presa, había una enorme expectativa de libertad, pero veníamos con una economía tremenda en caída, después de la famosa ‘tablita’ que fue un derrumbe de devaluación» recordó lo acontecido ese 1 de marzo. «Lo que sentíamos era una enorme responsabilidad. Estábamos hablando el 1 de marzo de 1985 en el Palacio Legislativo como no leo me tengo que concentrar pero en aquel momento cada tanto me venía desde el estómago una corriente nerviosa que todos sabemos cómo es, es la que tenemos en los exámenes y ¿sabe lo que me pasaba? Los bancos, yo sabía que el sistema bancario mayoritariamente estaba quebrado y que podría ocurrir un desastre al día siguiente, cada tanto pensaba, ‘¡Ay! Hay una corrida en los bancos’, por eso era una responsabilidad muy peculiar, salimos de ahí y felizmente pudimos hacer el cambio en paz», expresó con la calma que lo caracteriza.

Ese 1 de marzo quedó grabado en la mente de los uruguayos que vivieron en la época y registrado en los libros de historias que las generaciones posteriores han estudiado. Con ochenta y tres años y dos bandas presidenciales Julio María Sanguinetti es el único de los veintisiete precandidatos a la Presidencia de la República que gobernó el país, y el 30 de junio va por la primera parte de lo que supondría su tercera victoria.

La persona

Julio María Sanguinetti Coirolo nació el 6 de enero de 1936. Sus raíces familiares están teñidas con la sangre del Partido Nacional, ya que su abuela materna, Regina Saravia de Coirolo, era hija del caudillo Chiquito Saravia. Su educación fue en la Escuela y Liceo Elbio Fernández y en 1955 ingresó a la Universidad de la República de la que egresó en 1961 con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.

Las letras no escapan a su vida personal. «No bien ingresé al periodismo, mi mirada histórica fue la que definió mi identidad. De ella nació mi coloradismo. Tenía 17 años cuando comencé a trabajar en el semanario Canelones, bajo la dirección de Maneco Flores Mora, y mi primer artículo firmado fue sobre Joaquín Suárez», relata en su libro «El cronista y la historia».

«Por ese entonces me encontré con Marta y desde hace sesenta años estamos hablando –y discutiendo– sobre temas históricos, que en feliz legado se han trasmitido a nuestros hijos. A ella le debo fundamentos teóricos y lecturas recomendadas, que no me han transformado en un historiador profesional como ella, pero que sí le han dado, al periodista que soy, los elementos para que la crónica responda a la procurada intención de verdad», comenta en el libro.

En un Facebook Live (una transmisión en vivo que se realiza por la red social) en agosto de 2018 el grupo Batllistas ayudó al político a contactarse con militantes y estos le realizaron preguntas sobre diversos temas. Una de las seguidoras le preguntó cómo conoció a Marta Canessa, con quien lleva casado cincuenta y nueve años y es padre de Julio Luis y de la crítica de arte, gestora cultural y abogada, Emma Sanguinetti.

Los padres de Marta y Julio les pidieron que acompañaran a sus hermanas y sus novios al cine en función de «chaperones». «Ahí nos conocimos los dos chaperones en el cine», recordó el precandidato y luego todo «pasó rápido. A la semana andábamos medio ahí enredados», según recoge El Observador.

Luego de algunas citas, el expresidente de la República le anunció a su actual esposa que le avisaría a su padre que salía con su hija. «Así fue la cosa y acá estamos. Han pasado los años», dijo.

Además de su carrera política, Sanguinetti es Presidente Honorario del Club Atlético Peñarol.

Carrera periodística

Sanguinetti ha sabido estar del otro lado de las noticias. Su vida ha tenido una intensa y prolífica actividad en el mundo del periodismo en el que está inmerso desde los 17 años.

«El semanario Canelones, donde empecé, lo hacíamos e imprimíamos en Acción. Maneco no sólo era nuestro director sino un periodista ya consagrado en las páginas de Marcha. Allí compartimos la actividad con Zelmar Michelini, Fernando Torres Ponce, Teófilo Collazo y un grupo de jóvenes estudiantes: Luis Barrios Tassano, Welington Melogno, Alberto Pérez Pérez, Luis Alberto Solé, mi primo Norberto Sanguinetti, más algunos incipientes dirigentes que serían luego históricos en el departamento canario, como Tabaré Hackenbruch, tres veces Intendente», relata en su libro «El cronista y la historia».

Ríos de tinta brotaron de sus manos y más adelante la historia se encargaría de que fueran en su nombre. En Acción (1948 – 1973) coincidió con el periodista argentino Francisco Llano, Luis Batlle Berres, Jorge Batlle, Fernando Fariña y Amílcar Vasconcellos. Tras el cierre del periódico aceptó el ofrecimiento de María Antonia Batlle y Jorge Otero Menéndez para escribir en «El Día» la sección «En la cresta de la ola».

La sociedad ha podido leer sus textos también en el diario El País, la Agencia EFE, El País de Madrid y La Nación. Además es un prolífico autor de libros y ensayos como «La agonía de una democracia» (2008), «La Nación, el nacionalismo y otros ismos» (1978) y «Luis Batlle Berres. El Uruguay del optimismo» (2018), entre otros.

El político

El abogado y periodista ingresó al Partido Colorado en 1960. Con solo 27 años asumió una banca en la Cámara de Diputados como representante de Montevideo. En 1964 fue miembro de la delegación uruguaya en la Primera Conferencia de Comercio y Desarrollo en Ginebra y en 1966 repitió su diputación. Tres años después, el presidente Jorge Pacheco Areco lo designó Ministro de Industria y Comercio.

Eran épocas revueltas y la oscuridad ya se palpaba en el aire en el país. Cuando aún era presidente legítimo de Uruguay, Julio María Bordaberry lo eligió como Ministro de Educación y Cultura, cargo al que renunció meses antes del golpe de Estado que el dictador produjo el 23 de junio de 1973.

El 30 de noviembre de 1980 se realizó el plebiscito con la intención de instaurar un régimen que sustituyera la Constitución de 1967 y legitimara el gobierno de facto. Aproximadamente el cincuenta y siete por ciento de la población rechazó la propuesta dictatorial (en Lavalleja ganó el «Sí»), lo que marcó un pilar en la apertura democrática.

Tres años después comenzaron las negociaciones hacia la salida de la dictadura, tras varias reuniones, la requisa del semanario nacionalista La Democracia, el acuerdo no aparecía. Tras la sexta reunión, el representante del Partido Colorado, Enrique Tarigo, manifestó que los militares «miran la Constitución por el ojo de la cerradura de la subversión». El cinco de julio Sanguinetti anunció que los grupos políticos se retiraban mientras que Rapela acusó a los políticos de «inflexibilidad».

«Yo tenía la idea clara de que el Uruguay iba a salir por una negociación. No me atribuyo la exclusividad de ese pensamiento. En nuestro partido era la misma idea que tenía Jorge Batlle o Enrique Tarigo u otra gente. Fue una idea que también compartimos con el general Seregni, que por eso mismo fue un factor importante en ese esfuerzo. Lo que me tocó a mí fue una mayor responsabilidad que a otros en conducir ese proceso que yo definí con la idea del cambio en paz», afirmó Sanguinetti al periodista Gerardo Tagliaferro en 2012 para Montevideo Portal. Finalmente el 3 de agosto de 1984 tuvieron lugar las negociaciones que culminaron con la salida a la democracia.

En noviembre del mismo año Sanguinetti resultó electo como el primer presidente constitucional tras la dictadura. Los líderes blanco, frenteamplista y colorado, Wilson Ferreira Aldunate, Líber Seregni y Jorge Batlle no pudieron ser candidatos por encontrarse proscritos.

En las elecciones del 27 de noviembre de 1994 repite su victoria, tras el gobierno del Luis Alberto Lacalle y asumió el 1 de enero de 1995. Durante su segundo mandato se realizaron las reformas a la seguridad social y a la enseñanza, la última llevada a cargo por Germán Rama.

Hacia el 30 de junio

Con 83 años, Julio María Sanguinetti es el único precandidato que se presenta con la experiencia de haber estado al mando de la Presidencia de la República. Su regreso a la actividad política resultó un espaldarazo para el partido tras los magros resultados obtenidos en 2014.

«Uno siente una identidad, la identidad hoy no está muy de moda en la nueva generación pero es muy importante, la pertenencia, uno pertenece a una nación, a una religión, a una sociedad, hasta un equipo de fútbol y pertenece a un partido. Me he formado dentro del Partido Colorado. Siento no solo el peso de la tradición, de sus ideas, de lo que ha significado en la institucionalidad. Cuando uno lo veía fuera del escenario, fuera del debate, con las famosas encuestas en el subsuelo, estaba angustiado. Ahí me vino a ver un montón de gente amiga, a reclamarme el esfuerzo y espontáneamente le dije que sí o estaba sintiendo la necesidad. Allí en seguida fui a ver a los líderes nacionalistas, a decirles dos cosas, salgo por dos cosas: ‘una porque quiero el resurgimiento del Partido Colorado, queremos ser decisivos los colorados en la elección. Segundo lugar, tenemos que encarar la idea de un gobierno de coalición’. Acá nadie tiene el cincuenta por ciento ni el cuarenta y cinco por ciento, tenemos que desde ya ir preparando el camino para un entendimiento en los puntos cardinales, en los puntos fundamentales que le de a la ciudadanía de que hay una alternativa seria», afirmó el su última visita a Minas previamente a un acto.

Las encuestas de opinión son favorables al precandidato que oscilan entre el cincuenta y el cuarenta y ocho por ciento de intención de votos. El domingo 30 de junio, Julio María Sanguinetti se medirá frente a José Amorín Batlle, Pedro Etchegaray, Edgardo Martínez Zimarioff y Ernesto Talvi. En la invernal noche se conocerá si el dos veces Presidente de la República continuará el camino hacia una tercera contienda por encabezar la administración pública del país.

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